AUGUST BOURNONVILLE (1805-1879)

      fue el creador de un estilo específico de ballet que apareció en el Romanticismo y que se ha conservado casi inalterable hasta nuestros días. Formado por su padre, Antoine Bournonville, y por August Vestris en la Escuela de la Ópera de París, fue uno de los bailarines más importantes de su generación – compartió escenario con las más famosas bailarinas de la época, como Marie Taglioni – aunque se le recuerda principalmente como coreógrafo y maestro. Desarrolló casi toda su carrera en el Real Ballet de Dinamarca, institución que hasta hoy conserva su legado coreográfico y pedagógico, y al morir en 1879 su alumno Hans Beck anotó y transmitió sus principales ballets (Napoli, Konservatoriet, La Sílfide...) además de recopilar sus enseñanzas en clases fijas. Cada clase reunía ejercicios compuestos por las combinaciones habituales de Bournonville y músicas adaptadas específicamente a cada ejercicio por Louis Forgeron, violinista especializado en el acompañamiento para danza. En la década de 1940 dos alumnos de Hans Beck, Leif Ørnberg y Elna Jorgen-Jensen, vinieron a España e impartieron clases en Madrid, difundiendo el estilo de Bournonville que habían aprendido en Copenhague. Aunque los ejercicios ya no se aplican de forma arbitraria, sino como complemento a una enseñanza cuidada y específica a la evolución de cada alumno, son un auténtico tesoro coreográfico por su dificultad técnica y por conservar la magia de la época más gloriosa del ballet. Su alumna Carmina Ocaña ha estado durante más de treinta años conservándolo y adaptándolo a las exigencias de los bailarines actuales, por lo que sus actuales alumnos tienen la suerte de aprenderlo de una forma fácil y con toda la pureza original.